
-¡Pero! . . . ¿Cuál es tu nombre? - dijo el en un susurro, ya que Adelaida corrió con frenesí hacia el edificio Rehinhart.
Embobado, el hombre de cabellos oscuros quedo mirando la carrera que había emprendido la mujer. Cuando ya la perdió de vista, decidió ir hasta el edificio en busca de esa mirada miel. Caminó lentamente por las cuadras que antes habían sido una pista de carrera para Adelaida. Al entrar al edificio, miró la tabla de oficinas y encontró de inmediato la empresa Rehinhart, esta, se encontraba en el décimo piso.
Se dirigió hacia los ascensores y, para su suerte, se abrió el de la derecha al tocar el botón. Apretó el botón del piso diez, y las puertas se cerraron automáticamente. Al llegar, en la recepción se encontraba una mujer morena con un carisma natural reflejado en su rostro.
-Disculpe, caballero, ¿en qué puedo ayudarle? - preguntó una sonriente Iona.
-Aquí trabaja . . . ni siquiera se su nombre - susurro para si
-Disculpe, ¿qué ha dicho usted?
-Que ni siquiera se su nombre. Te explico . . . em . . .
-Iona
-Iona. Iba, como todos los días a comprarme mi cortado matutino, cuando chocó accidentalmente con una mujer, y el impacto hizo que el café se derramara en ambos mas en ella que en mi. Y, ni siquiera se su nombre, pero sus ojos me han dejado una especie de calma, por ende me gustaría verla de nuevo. Me dijo que trabaja aquí. Por casualidad ¿la conoces?
-Así que tu fuiste el que le derramo el café . . .
-No fue intencional
-De acuerdo, te creo. Si, ella trabaja aquí, pero 5 minutos antes de que llegaras, ella se marchó a su departamento a cambiarse el traje manchado.
-Que mala suerte. Bueno, quizás en otra ocasión la vuelva a ver. ¡Que estés bien Iona, y gracias! - el hombre, se dirigió hacia los ascensores. Iona pensó unos segundos, y, llegó a la conclusión de que quizás a Adelaida le llegó su príncipe azul, pero ella, como es de despistada, no se percató de nada. Vaciló unos instantes, y justo antes de que el subiera al ascensor . . .
-¡Espera! - gritó Iona haciendo que el hombre colocase una mano en las compuertas del ascensor para que este no se cerrase. Salio de ahí y volvió donde Iona.
-¿Si?
-¿De verdad quieres conocerla?
-Sinceramente, me encantaría, y no se porque este deseo es tan grande.
-Bueno, su nombre es Adelaida . . .
-Adelaida, princesa noble, que hermoso nombre . . . - susurró para sus adentros
-Vive a unas pocas cuadras de aquí. Cruza a la cuadra del frente y hacia la derecha camina cinco cuadras mas. Vive en el edificio Wings. Apresúrate, si quieres verla por segunda vez en el día antes de que entre al trabajo de nuevo.
-Muchas gracias, Iona, algún día te devolveré el favor.
-No te preocupes. Una cosa más. En el caso hipotético de que no la encuentres - decía Iona mientras buscaba en su bolso una tarjeta - ven a la fiesta sorpresa de cumpleaños que le estoy organizando - estiro su mano blanca como la nieve sobre el mostrador entregándole la tarjeta al hombre.
-De nuevo, muchas gracias. Por cierto, en el caso hipotético de que te cuente que chocó con un trigueño, dile que su nombre es Andrés.
Ambos se sonrieron, como si fuesen amigos de toda la vida. Andrés ya tenia un motivo para ir a verla a su departamento en Wings. Curiosamente, se sentía ansioso de ir a verla en ese mismo instante, pero desidió esperar hasta el día de su cumpleaños para volver a verla.
Llegó a la planta baja y se dirigió al estacionamiento de la plaza Midori para recoger su auto... Aunque ya había decidido algo, el deseo pudo más que la razón, y manejó hasta Wings....
Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades
Estréllate Contra Mí (II)
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"La calidez de tus manos, calma mi corazon..."
toma un curso atractivo, vere que sucede,^
cuidate.
unabrazo