Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades

Estréllate Contra Mí (IV)


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- ¿Por qué siempre tengo que caer en tus trampas, Iona?
- Pero no me niegues que esta sorpresa en tu departamento no te agrado, ¿o me equivoco?
- Debo reconocer que ni a mi se me hubiera ocurrido una celebración tipo mascarada. Así que, muchas gracias amiga por este hermoso regalo sorpresa.
- De nada, Adelaida, pero créeme, hay algo más que te sorprenderá.
- ¿Qué cosa?
- Tú, ponte el vestido y baja. Ya verás. Esa sorpresa si que te va a gustar. Mientras, iré a entretener a nuestros amigos que te están esperando ahí abajo.

Iona salio del dormitorio, dejando a Adelaida a solas con su mente. Sonrió y miró el vestido que su amiga le dejó tendido en la cama...

- ¿Ya está lista?
- No lo sé Andrés, hace una hora que la deje arriba poniéndose el vestido y aún no baja.
- Quizás le dio pánico que tanta gente recordase su cumpleaños.
- No creo que sea por eso. Iré a verla.

Subió por las escaleras blancas en forma de semi caracol y caminó hasta el final del pasillo. Tocó la puerta tres veces y entró. Vio que su amiga aún estaba parada al frente de su cama observando detenidamente el vestido plateado bordado con finos detalles dorados. No se movía, estaba simplemente parada.

- Adelaida -dijo Iona acercándose a su amiga posando sus manos en sus hombros - ¿Qué pasa? ¿Por qué aún no te pones el vestido? ¿Acaso, no te gustó? - esto último se lo preguntó mirándola a los ojos frente a frente, percatándose de que ella estaba llorando en silencio. Muda, quedo mirándola, no sabía si abrazarla o dejarla ahí sumergida en sus pensamientos. Luego de unos cinco minutos, que para Iona fueron una eternidad, Adelaida secó sus lagrimas, sonó su nariz con unos pañuelos desechables que siempre tenía en el bolsillo de su blazer y miró a los ojos a Iona.
- No pasa nada - dijo con una voz carrasposa debido al sollozo - es sólo que, me emocioné, y quedé en shock. De verdad me sorprendiste. No me he puesto el vestido, porque es hermoso, y no creo que merezca ponérmelo - Iona iba a interrumpir a Adelaida, pero ella le pidió con la mirada que la dejase continuar - pero, me gusto mucho, es bellisimo. No sé si lo merezca .. .
- Por supuesto que lo mereces, Ade - dijo ella abrazándola y consolándola, ya que al tener contacto, otra vez corrió el llanto por sus mejillas - Ya, ya, cálmate, que los invitados se preocuparán al verte con los ojos rojos.
- De acuerdo. Deja ir a baño a lavarme el rostro y bajo en seguida.
- Me parece - se separaron e Iona le dio una amplia sonrisa de ánimo, de esas que con tan sólo mirarlas de soslayo, te reconfortan - Así que, apresúrate, porque es tu cumpleaños, y - saliendo del cuarto, quedándose parada en el umbral con la mano en la perilla - créeme, este año recibirás el mejor regalo de todos.
- Por cierto - dijo Iona asomando su cara de nuevo por entremedio de la puerta - cuando bajes, hazme un ring al celular para anunciarte como se debe, ¿de acuerdo?
- Como digas, Iona.

20 minutos más tarde . . .

- Se está demorando mucho - comentaba Andrés a Leon - Creo que, será mejor decirle a Iona que vuelva a subir. Sus amigos comienzan a preocuparse.
- Tranquilo, Andrés, cálmate - le decía Leon, dándole palmaditas en la espalda para que calmara un poco los nervios - Deberías ir al baño a mojarte la cara o beber un poco de alcohol que hay en la barra, para que te tranquilices.
- No, no quiero, pero gracias por preocuparte, amigo. La esperaré aquí, al final de la escalera, para recibirla como se merece en un día tan especial.
En ese momento, el celular de Iona, sonó tres veces. Era Adelaida, quien ya venia caminando por el pasillo que daba a las escaleras.
- Atención, amigos - dijo Iona a través de un micrófono - Esta noche estamos reunidos para celebrar el cumpleaños de esta hermosa mujer, la cual nos ha acompañado siempre, en las buenas y en las malas, en las agonías y alegrías, en la riqueza y en la pobreza, casi como una novia - risas de todos los comensales - Pero esta noche, es especial. Especial para ella y para sus más cercanos. Ya que hoy, cruza una barrera importante. Desde pequeña a querido cruzarla, pero hoy, hoy es el gran día de Adelaida - justo al decir su nombre, Adelaida comenzó a descender por las escaleras. Todos hicieron caso omiso a las palabras dulces y conmovedoras de Iona para aplaudir la llegada de Adelaida.

En especial, Andrés, quien quedó deslumbrado, ya que, aunque en su primer encuentro quedó de la misma forma, esta vez, el vestido realzaba todo lo que amaba de ella: sus contornos, su silueta, su cabellera que había cambiado de color la última semana por un error de la peluquera, pero ese plateado en su cabeza le acentuaba las facciones de su rostro, el color pálido de su piel, pero, por sobre todo, la máscara realzaba su mirada, sus ojos miel. Fue en su búsqueda, se paró al final de la escalera, y cuando ella tocó con sus pies el último peldaño, Leon le ofreció su brazo.
- ¿Quieres bailar, cumpleañera? - preguntó Andrés detrás de una máscara negra que contrastaba con esos inconfundibles ojos plomizos.
- Por supuesto que si, caballero - Adelaida, sonriendo, tomo el brazo de Andrés y lentamente caminaron hasta el centro de la pista.
De fondo, sonaba el final de "Kissing you", así que, como lo ameritaba la canción, bailaron lentamente, abrazados, con los ojos cerrados, sintiendo el latir del corazón de cada uno. Por un momento, todos desaparecieron, y eran solo ellos dos, abrazados, iluminados por un haz de luz de la luna nueva que se asomaba por uno de los ventanales.
- A si que, tú eras el mejor regalo que podría tener en mi vida, ¿o me equivoco, Andrés?
- Te equivocas, Adelaida - dijo este separándose un poco, tomando una mano de ella y con la otra tomando su cintura, como si bailasen un vals - Lo que tengo en mi bolsillo es lo que cambiará tu vida, y será el mejor regalo que alguien te pueda dar en tu vida
- Y, ¿Ya puedo ver que es?
- No, aun no. Se paciente, pronto lo verás. Por ahora, disfrutemos lo poco que queda de la canción, abrazados, ya que, al terminar, todos vendrán a felicitarte por tus 30.
- Tienes razón - al decirlo, Adelaida posó su cabeza en el pecho de Andrés, sintiendo el latir acelerado de él. A pesar de que ya ambos reconocieron sus sentimientos mutuos, aún le daba vergüenza saber que esos latidos eran por su presencia, que al fin encontró a ese alguien, ese alguien que de verdad la hacia sonreír como aquellos días de niñez . . .

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"La calidez de tus manos, calma mi corazon..."