Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades

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Extrañar


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¿Acaso puedes sentir el latido de mi corazón aumentar con cada paso de acercamiento que das?

Me levanto entrada la tarde. Mi cuerpo, sin razón alguna, se dio el placer de permanecer casi todo el día en cama. Éste comienza a reaccionar poco a poco, y el frío proveniente del lado derecho de la cama le produce escalofríos.

¿Dónde estás? ¿Por qué te has ido?

Una ducha, si, una ducha es todo lo que necesito para aclarar ideas.
Y es cuando comienzo a recordar.
Era temprano, los rayos de sol aún no penetraban el dormitorio. Me levanto con la mayor cautela para que no despiertes. Pasan los tres minutos más paulatinos de mi existir, y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Ya no hay más que temer.
Simplemente volví a la cama con recato y te abracé como siempre lo hago antes de despertar.

Las lágrimas no dejan de correr. Hay un vacío en mí.

Tu beso de buenos días me reanimó del letargo. Esos brillantes y hermosos ojos marrones me miraron con calidez y ternura. Antes de que te levantaras para tomar tu ducha matutina, sostuve tu mano, y te di la noticia.
Tu alegría fue mayor a la que imaginaba, y de inmediato besaste un bulto que aún no crecía del todo.
Luego del desayuno, marchaste hacia una clínica en busca de una hora para rectificar.

Nuestra luz se desvanece, pero una nueva comienza....

A eso de las doce, suena el teléfono, y sin haberlo contestado, un frío inexplicable recorre mi cuerpo, y mi corazón deja de latir por un segundo...
Prendo la televisión con lágrimas desbordantes, deseando de que tan solo fuese una mala broma de mi madre, pero mis piernas no resisten el dolor y el suelo es mi cuna.
Un accidente automovilístico provocado por una falla en el sistema de semáforos, muchas muertes, pocos sobrevivientes...

Tus caricias, tus besos, tus susurros y miradas, son fantasmas amorosos que visitan mi alma en pena...




Estréllate Contra Mí (VI)


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.. Y antes de recibir respuesta alguna, se marchó tan rápido como había llegado. En el ascensor se reprochó a si misma, ya que, no le preguntó el nombre al hombre que la chocó por accidente. Lo único que podía recordar de él, era su voz, su piel, pero lo que más le llamo la atención, fueron esos ojos plomizos, casi celestes, pero inconfundiblemente plomizos....


El sonido del ascensor anunciando su llegada al primer piso, dio el efecto de caída a la realidad. Salió de él, dirigiéndose a tomar un taxi.
Al llegar a su departamento, rápidamente se cambió de uniforme de trabajo, colocándose un traje formal con falda tono lila, con una blusa blanco pastel. Arregló un poco su cabellera, y salió de su departamento. Como iba con prisa saliendo del edificio, por segunda vez en el día chocó con alguien. Pero, esta vez no se cayó al suelo. La sujetaron y contuvieron. Ese aroma familiar, hizo que simultáneamente alzara su cabeza para encontrarse con esa sonrisa y esos misteriosos ojos plomizos que había conocido hace algunos instantes.

- Nos volvemos a encontrar, Adelaida - dijo el caballero, soltándola con delicadeza.
- Sí, es cierto... - su pensamiento y habla se paralizan, intentando articular una duda que se le notaba en el rostro, pero no pudo nacer de sus labios debido a su titubeo
- ¿Quieres saber como se tu nombre? - ella solo asintió con la cabeza, sin lograr hacer sonido alguno - Por lo pronto, te lo contaré camino a tu trabajo, vas un tanto atrasada.
- Si, tienes razón.
- Sólo si tu quieres, puedo ir a dejarte... así también conocerás como fue que "adivine" tu nombre.
Adelaida titubeó unos segundos, pero luego accedió: le preocupaba el hecho de no estar en su escritorio realizando su labor.

- Ahora - dijo ella ya en el auto, sentada al lado de él - dime como es que sabes mi nombre.
- Simple - respondió el con una leve sonrisa en sus labios - tu compañera de trabajo me lo dijo por accidente.
- Esa Iona ... Como sea... Lamento de verdad lo ocurrido, y, antes de bajarme en la plaza Midori, me gustaría saber como puedo agradecerte todas las molestias que te he causado hoy.
- Simplemente: con una taza de café cuando desees - refiriéndose al que estaba pendiente luego del suceso de la mañana, estacionándose en la plaza.
- De acuerdo - dijo desabrochándose el cinturón de seguridad - Nos vemos este domingo aquí mismo a las 11 de la mañana. No llegues tarde.
- Llegare antes para no hacerte esperar.
Ya fuera del vehículo, se acercó a la ventana para preguntar.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Andres, para servirte.



"La calidez de tus manos, calma mi corazon..."