.. Y antes de recibir respuesta alguna, se marchó tan rápido como había llegado. En el ascensor se reprochó a si misma, ya que, no le preguntó el nombre al hombre que la chocó por accidente. Lo único que podía recordar de él, era su voz, su piel, pero lo que más le llamo la atención, fueron esos ojos plomizos, casi celestes, pero inconfundiblemente plomizos....
El sonido del ascensor anunciando su llegada al primer piso, dio el efecto de caída a la realidad. Salió de él, dirigiéndose a tomar un taxi.
Al llegar a su departamento, rápidamente se cambió de uniforme de trabajo, colocándose un traje formal con falda tono lila, con una blusa blanco pastel. Arregló un poco su cabellera, y salió de su departamento. Como iba con prisa saliendo del edificio, por segunda vez en el día chocó con alguien. Pero, esta vez no se cayó al suelo. La sujetaron y contuvieron. Ese aroma familiar, hizo que simultáneamente alzara su cabeza para encontrarse con esa sonrisa y esos misteriosos ojos plomizos que había conocido hace algunos instantes.
- Nos volvemos a encontrar, Adelaida - dijo el caballero, soltándola con delicadeza.
- Sí, es cierto... - su pensamiento y habla se paralizan, intentando articular una duda que se le notaba en el rostro, pero no pudo nacer de sus labios debido a su titubeo
- ¿Quieres saber como se tu nombre? - ella solo asintió con la cabeza, sin lograr hacer sonido alguno - Por lo pronto, te lo contaré camino a tu trabajo, vas un tanto atrasada.
- Si, tienes razón.
- Sólo si tu quieres, puedo ir a dejarte... así también conocerás como fue que "adivine" tu nombre.
Adelaida titubeó unos segundos, pero luego accedió: le preocupaba el hecho de no estar en su escritorio realizando su labor.
- Ahora - dijo ella ya en el auto, sentada al lado de él - dime como es que sabes mi nombre.
- Simple - respondió el con una leve sonrisa en sus labios - tu compañera de trabajo me lo dijo por accidente.
- Esa Iona ... Como sea... Lamento de verdad lo ocurrido, y, antes de bajarme en la plaza Midori, me gustaría saber como puedo agradecerte todas las molestias que te he causado hoy.
- Simplemente: con una taza de café cuando desees - refiriéndose al que estaba pendiente luego del suceso de la mañana, estacionándose en la plaza.
- De acuerdo - dijo desabrochándose el cinturón de seguridad - Nos vemos este domingo aquí mismo a las 11 de la mañana. No llegues tarde.
- Llegare antes para no hacerte esperar.
Ya fuera del vehículo, se acercó a la ventana para preguntar.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Andres, para servirte.