Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades

Archive for octubre 2009

Estréllate Contra Mí (IV)


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- ¿Por qué siempre tengo que caer en tus trampas, Iona?
- Pero no me niegues que esta sorpresa en tu departamento no te agrado, ¿o me equivoco?
- Debo reconocer que ni a mi se me hubiera ocurrido una celebración tipo mascarada. Así que, muchas gracias amiga por este hermoso regalo sorpresa.
- De nada, Adelaida, pero créeme, hay algo más que te sorprenderá.
- ¿Qué cosa?
- Tú, ponte el vestido y baja. Ya verás. Esa sorpresa si que te va a gustar. Mientras, iré a entretener a nuestros amigos que te están esperando ahí abajo.

Iona salio del dormitorio, dejando a Adelaida a solas con su mente. Sonrió y miró el vestido que su amiga le dejó tendido en la cama...

- ¿Ya está lista?
- No lo sé Andrés, hace una hora que la deje arriba poniéndose el vestido y aún no baja.
- Quizás le dio pánico que tanta gente recordase su cumpleaños.
- No creo que sea por eso. Iré a verla.

Subió por las escaleras blancas en forma de semi caracol y caminó hasta el final del pasillo. Tocó la puerta tres veces y entró. Vio que su amiga aún estaba parada al frente de su cama observando detenidamente el vestido plateado bordado con finos detalles dorados. No se movía, estaba simplemente parada.

- Adelaida -dijo Iona acercándose a su amiga posando sus manos en sus hombros - ¿Qué pasa? ¿Por qué aún no te pones el vestido? ¿Acaso, no te gustó? - esto último se lo preguntó mirándola a los ojos frente a frente, percatándose de que ella estaba llorando en silencio. Muda, quedo mirándola, no sabía si abrazarla o dejarla ahí sumergida en sus pensamientos. Luego de unos cinco minutos, que para Iona fueron una eternidad, Adelaida secó sus lagrimas, sonó su nariz con unos pañuelos desechables que siempre tenía en el bolsillo de su blazer y miró a los ojos a Iona.
- No pasa nada - dijo con una voz carrasposa debido al sollozo - es sólo que, me emocioné, y quedé en shock. De verdad me sorprendiste. No me he puesto el vestido, porque es hermoso, y no creo que merezca ponérmelo - Iona iba a interrumpir a Adelaida, pero ella le pidió con la mirada que la dejase continuar - pero, me gusto mucho, es bellisimo. No sé si lo merezca .. .
- Por supuesto que lo mereces, Ade - dijo ella abrazándola y consolándola, ya que al tener contacto, otra vez corrió el llanto por sus mejillas - Ya, ya, cálmate, que los invitados se preocuparán al verte con los ojos rojos.
- De acuerdo. Deja ir a baño a lavarme el rostro y bajo en seguida.
- Me parece - se separaron e Iona le dio una amplia sonrisa de ánimo, de esas que con tan sólo mirarlas de soslayo, te reconfortan - Así que, apresúrate, porque es tu cumpleaños, y - saliendo del cuarto, quedándose parada en el umbral con la mano en la perilla - créeme, este año recibirás el mejor regalo de todos.
- Por cierto - dijo Iona asomando su cara de nuevo por entremedio de la puerta - cuando bajes, hazme un ring al celular para anunciarte como se debe, ¿de acuerdo?
- Como digas, Iona.

20 minutos más tarde . . .

- Se está demorando mucho - comentaba Andrés a Leon - Creo que, será mejor decirle a Iona que vuelva a subir. Sus amigos comienzan a preocuparse.
- Tranquilo, Andrés, cálmate - le decía Leon, dándole palmaditas en la espalda para que calmara un poco los nervios - Deberías ir al baño a mojarte la cara o beber un poco de alcohol que hay en la barra, para que te tranquilices.
- No, no quiero, pero gracias por preocuparte, amigo. La esperaré aquí, al final de la escalera, para recibirla como se merece en un día tan especial.
En ese momento, el celular de Iona, sonó tres veces. Era Adelaida, quien ya venia caminando por el pasillo que daba a las escaleras.
- Atención, amigos - dijo Iona a través de un micrófono - Esta noche estamos reunidos para celebrar el cumpleaños de esta hermosa mujer, la cual nos ha acompañado siempre, en las buenas y en las malas, en las agonías y alegrías, en la riqueza y en la pobreza, casi como una novia - risas de todos los comensales - Pero esta noche, es especial. Especial para ella y para sus más cercanos. Ya que hoy, cruza una barrera importante. Desde pequeña a querido cruzarla, pero hoy, hoy es el gran día de Adelaida - justo al decir su nombre, Adelaida comenzó a descender por las escaleras. Todos hicieron caso omiso a las palabras dulces y conmovedoras de Iona para aplaudir la llegada de Adelaida.

En especial, Andrés, quien quedó deslumbrado, ya que, aunque en su primer encuentro quedó de la misma forma, esta vez, el vestido realzaba todo lo que amaba de ella: sus contornos, su silueta, su cabellera que había cambiado de color la última semana por un error de la peluquera, pero ese plateado en su cabeza le acentuaba las facciones de su rostro, el color pálido de su piel, pero, por sobre todo, la máscara realzaba su mirada, sus ojos miel. Fue en su búsqueda, se paró al final de la escalera, y cuando ella tocó con sus pies el último peldaño, Leon le ofreció su brazo.
- ¿Quieres bailar, cumpleañera? - preguntó Andrés detrás de una máscara negra que contrastaba con esos inconfundibles ojos plomizos.
- Por supuesto que si, caballero - Adelaida, sonriendo, tomo el brazo de Andrés y lentamente caminaron hasta el centro de la pista.
De fondo, sonaba el final de "Kissing you", así que, como lo ameritaba la canción, bailaron lentamente, abrazados, con los ojos cerrados, sintiendo el latir del corazón de cada uno. Por un momento, todos desaparecieron, y eran solo ellos dos, abrazados, iluminados por un haz de luz de la luna nueva que se asomaba por uno de los ventanales.
- A si que, tú eras el mejor regalo que podría tener en mi vida, ¿o me equivoco, Andrés?
- Te equivocas, Adelaida - dijo este separándose un poco, tomando una mano de ella y con la otra tomando su cintura, como si bailasen un vals - Lo que tengo en mi bolsillo es lo que cambiará tu vida, y será el mejor regalo que alguien te pueda dar en tu vida
- Y, ¿Ya puedo ver que es?
- No, aun no. Se paciente, pronto lo verás. Por ahora, disfrutemos lo poco que queda de la canción, abrazados, ya que, al terminar, todos vendrán a felicitarte por tus 30.
- Tienes razón - al decirlo, Adelaida posó su cabeza en el pecho de Andrés, sintiendo el latir acelerado de él. A pesar de que ya ambos reconocieron sus sentimientos mutuos, aún le daba vergüenza saber que esos latidos eran por su presencia, que al fin encontró a ese alguien, ese alguien que de verdad la hacia sonreír como aquellos días de niñez . . .

Estréllate Contra Mí (III)


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Al llegar, le dijo a su amiga que le entregase el café al gerente. Iona la miro con preocupación por lo manchada y sucia que se encontraba Adelaida.
-No te preocupes. Iré al departamento rápidamente a cambiarme, así que, necesito que me cubras por unos minutos.
-Pero, Adelaida, ¡espera! - Su amiga hizo caso omiso su llamado, sólo esbozó una sonrisa antes de que el ascensor cerrara sus puertas.
Iona lanzó un suspiro de "bueno, esta bien". Tomó el cortado seco, y se dirigió a la oficina del jefe. Golpeó suavemente esa puerta que siempre admiraba cuando no había nadie que se percatara.
-Pasa, Adelaida - Se escuchó una voz masculina y segura desde el otro lado de la puerta
-Permiso, jefe.
-¡Ah! eras tu, Iona - dijo sorprendido Leon al ver que ella le llevaba su cortado seco matutino - ¿Qué a pasado con Adelaida?
-Tuvo un percance con su traje, y fue unos segundos a su departamento a cambiárselo
- Por ende, estamos solos
-Así es, jefe
-Iona, sabes perfectamente que puedes tutearme. Nos conocemos hace mucho - decía mientras se levantaba de detrás de su escritorio para quedar frente a frente de Iona
-Lo se, jefe, pero esa relación que tuvimos, no debe mezclarse con el área laboral. No quiero tener problemas con la empresa, así que, si ya no me necesitas más por ahora, me retiro.
Leon quedó mirando atentamente los ojos aguamarina de Iona. Luego de ese pequeño instante de reencuentro, ella dio media vuelta, y regreso a su puesto de trabajo, dejando detrás de esa puerta de roble macizo a un Leon un tanto nostálgico, que luego de otro intento fallido de volver con Iona, miró el azul del cielo a través de los ventanales que se encontraban detrás de su escritorio.
Justo cuando Iona se sentó para comenzar con el papeleo diario, por el ascensor del lado derecho, aparece un hombre trigueño de ojos plomizos y cabellos oscuros, un tanto agitado y ansioso.
-Disculpe, caballero, ¿en qué puedo ayudarle? - preguntó una sonriente Iona, aun pensando en Leon, el único hombre que le prometió el cielo y lo derrumbó luego de unos pocos meses, dejándola en soledad sin explicación alguna.

Estréllate Contra Mí (II)


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-¡Pero! . . . ¿Cuál es tu nombre? - dijo el en un susurro, ya que Adelaida corrió con frenesí hacia el edificio Rehinhart.
Embobado, el hombre de cabellos oscuros quedo mirando la carrera que había emprendido la mujer. Cuando ya la perdió de vista, decidió ir hasta el edificio en busca de esa mirada miel. Caminó lentamente por las cuadras que antes habían sido una pista de carrera para Adelaida. Al entrar al edificio, miró la tabla de oficinas y encontró de inmediato la empresa Rehinhart, esta, se encontraba en el décimo piso.
Se dirigió hacia los ascensores y, para su suerte, se abrió el de la derecha al tocar el botón. Apretó el botón del piso diez, y las puertas se cerraron automáticamente. Al llegar, en la recepción se encontraba una mujer morena con un carisma natural reflejado en su rostro.

-Disculpe, caballero, ¿en qué puedo ayudarle? - preguntó una sonriente Iona.
-Aquí trabaja . . . ni siquiera se su nombre - susurro para si
-Disculpe, ¿qué ha dicho usted?
-Que ni siquiera se su nombre. Te explico . . . em . . .
-Iona
-Iona. Iba, como todos los días a comprarme mi cortado matutino, cuando chocó accidentalmente con una mujer, y el impacto hizo que el café se derramara en ambos mas en ella que en mi. Y, ni siquiera se su nombre, pero sus ojos me han dejado una especie de calma, por ende me gustaría verla de nuevo. Me dijo que trabaja aquí. Por casualidad ¿la conoces?
-Así que tu fuiste el que le derramo el café . . .
-No fue intencional
-De acuerdo, te creo. Si, ella trabaja aquí, pero 5 minutos antes de que llegaras, ella se marchó a su departamento a cambiarse el traje manchado.
-Que mala suerte. Bueno, quizás en otra ocasión la vuelva a ver. ¡Que estés bien Iona, y gracias! - el hombre, se dirigió hacia los ascensores. Iona pensó unos segundos, y, llegó a la conclusión de que quizás a Adelaida le llegó su príncipe azul, pero ella, como es de despistada, no se percató de nada. Vaciló unos instantes, y justo antes de que el subiera al ascensor . . .
-¡Espera! - gritó Iona haciendo que el hombre colocase una mano en las compuertas del ascensor para que este no se cerrase. Salio de ahí y volvió donde Iona.
-¿Si?
-¿De verdad quieres conocerla?
-Sinceramente, me encantaría, y no se porque este deseo es tan grande.
-Bueno, su nombre es Adelaida . . .
-Adelaida, princesa noble, que hermoso nombre . . . - susurró para sus adentros
-Vive a unas pocas cuadras de aquí. Cruza a la cuadra del frente y hacia la derecha camina cinco cuadras mas. Vive en el edificio Wings. Apresúrate, si quieres verla por segunda vez en el día antes de que entre al trabajo de nuevo.
-Muchas gracias, Iona, algún día te devolveré el favor.
-No te preocupes. Una cosa más. En el caso hipotético de que no la encuentres - decía Iona mientras buscaba en su bolso una tarjeta - ven a la fiesta sorpresa de cumpleaños que le estoy organizando - estiro su mano blanca como la nieve sobre el mostrador entregándole la tarjeta al hombre.
-De nuevo, muchas gracias. Por cierto, en el caso hipotético de que te cuente que chocó con un trigueño, dile que su nombre es Andrés.
Ambos se sonrieron, como si fuesen amigos de toda la vida. Andrés ya tenia un motivo para ir a verla a su departamento en Wings. Curiosamente, se sentía ansioso de ir a verla en ese mismo instante, pero desidió esperar hasta el día de su cumpleaños para volver a verla.
Llegó a la planta baja y se dirigió al estacionamiento de la plaza Midori para recoger su auto... Aunque ya había decidido algo, el deseo pudo más que la razón, y manejó hasta Wings....



Estréllate Contra Mí (I)


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-Iona, ¿cuándo será el día en que, seamos felices al fin?
-No lo sé, Adelaida. Pero, tranquila, ya llegará ese día. Sólo, espera con paciencia. Ese chico ya llegará...
-Pero, no puedo esperar más. La vida se me escurre entre los dedos. El tiempo pasa rápido, no puedo seguir aquí sentada esperando a que llegue el hombre de mis sueños.
-Y, literalmente, estás sentada esperándolo.
-Que odiosa eres.
-Igual que tu amiga, igual que tu - respondió la mujer, para luego lanzarle una mirada para que continuase archivando las carpetas del gerente.

Los días pasaban, y ya se aproximaba el cumpleaños número 30 de Adelaida, y, como podrán imaginar, ya comenzaba a rendirse de encontrar a su hombre. Pero, no se como explicarlo. . . el destino a veces es tan cruel, que nos hace una mala jugada . . .

-¿Qué quería el jefe? ¿Capuccino o cortado seco?
-Cortado seco, Adelaida, cortado seco. Llevas 12 años comprándole el mismo café, y aún no lo recuerdas a la perfección.
-Lo siento, es que hoy . . .
-Hoy no estas conectada con tu mente. Lo sé. Te sucede eso desde que salimos de la enseñanza media. Ya, apresúrate, que, como ya sabes, al gerente le gusta tomar su café en cuanto llega a la oficina, y tan solo faltan treinta minutos para que llegue.
-Si, de eso si me acuerdo. ¿Quieres que te traiga algo?
-Un vanilla, si no es mucho pedir.
-De acuerdo. Vuelvo antes de que llegue.

Adelaida salió del edificio a través del ascensor. Caminó un par de cuadras, doblo a la derecha llegando a la tienda en donde siempre compraba los encargos energéticos de la oficina. Compró el café para el gerente, el vanilla de Iona y un capuccino para ella. Al doblar la esquina para caminar esas dos cuadras con rapidez, chocó con un hombre trigueño, haciendo que sobre los dos se derramaran los tres café. Ella cayó al suelo empapada del líquido.

-Lo siento - dijo el hombre con una voz fascinante, estirándole la mano a Adelaida para que se levantara - fue completamente mi culpa, así que me ofrezco a comprarte los café y, a invitarte uno para remediar lo ocurrido ¿qué opinas?
-Muchas gracias por la invitación al café, pero debo rechazarla. Si quieres, me compras los tres que se derramaron, ya que debo ir a dejarlos a la oficina en 10 minutos más.
-¿Trabajas en ese edificio? - preguntó el hombre mientras caminaban los dos a la tienda.
-Si, soy una de las dos secretarias del gerente de la empresa Rehinhart.
-Interesante, muy interesante - dijo el hombre, quedando prendido de los ojos miel de
Adelaida - Listo, aquí están tus café. Y, siento como quedo tu ropa de manchada.
-O, no te preocupes, esto lo arreglo luego de dejar los café. Muchas gracias por comprarlos, pero ya debo irme, me quedan tan sólo dos minutos para hacer la entrega. Así que, adiós - dijo una apresurada Adelaida, dejando con una inquietud colgando de los labios del hombre
-¡Pero! . . . ¿Cuál es tu nombre? - dijo el en un susurro, ya que Adelaida corrió con frenesí hacia el edificio Rehinhart.

Al llegar, le dijo a su amiga que le entregase el café al gerente. Iona la miro con preocupación por lo manchada y sucia que se encontraba Adelaida.
-No te preocupes. Iré al departamento rápidamente a cambiarme, así que, necesito que me cubras por unos minutos.
Y antes de recibir respuesta alguna, se marchó tan rápido como había llegado.
En el ascensor se reprochó a si misma, ya que, no le pregunto el nombre al hombre que la chocó por accidente. Lo único que podía recordar de él, era su voz, su piel, pero lo que más le llamo la atención, fueron esos ojos plomizos, casi celestes, pero inconfundiblemente
plomizos . . .

Goodbye


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"El pecho me lastima también
dame tu dolor también
sabes que trato de sacudir mi cabeza . . . pero
como un niño que miente, no tengo posibilidad de volver a verme en tus ojos

adios, adios . . . esta canción es feliz
debes olvidarme como si nada

eres tan poco cálida
no tienes que parar de se
r avariciosa
amor, cómo morirá este amor
te preguntas, cual rueda controla mi pecho, soltando la primera vez que

adios, adios a la persona que no esta a mi lado
hasta que mi alma sea amada por ella
adios, adios este d
olor se irá
quizá vaya entero a pelear

quizás me saques de tu vida, y no me pidas perdon por las cosas que lo merecen
no tendré otro amor parecido
desde adentro empujas para romper mi alma

adios, adios nos conoceremos en el otro mundo
no tenemos posibilidad que hacer en los extremos, el amor no es para dibujar
adios, adios la cancion te hace un favor haciendote feliz
me olvidaras cuando te vayas

mientras caminas yo estare solo esperando"

Goodbye - Lee Su Hoon



Venganza


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" -Todos los días la misma mierda, la misma hipocresía, la misma mentira. Todos los días debía soportar tu cara iluminada de risa, de alegria...
Me quitaste al amor de mi vida, maldita, pero ahora, ahora, jajaja, no tendré que ver tu rostro sonriendo otra vez.- Decía Eloísa, mientras apretaba fuertemente el cuello de su mejor amiga, Laia.
-Lo ... siento-decía Laia entrecortadamente, intentando sacar las manos de su cuello inutilmente-lo ... siento ... pero .... fue ... ine ... inevitable.
-¡Cállate! Trepadora traidora. Ahora, pagarás las concecuencias, por haberte casado a escondidas, traicionandome, sabiendo que yo ... -sollozando- que yo... ¡estoy enamorada y embarazada de el!
Antes del último suspiro, Laia miró con pesar a Eloísa. Luego ella le torció el cuello y tiró su cuerpo en la tina blanca del baño.
Eloísa, como un bebé, se puso a llorar en el suelo, enrroscada. Luego de un rato corto, comenzó a salir una fuerte carcajada de su boca, una carcajada de maldad, de satisfacción, de haber consumido su odio. Pero, eso aún no la satisfacía por completo. Debía acabar con el sujeto que causó todo.
Abrió la puerta, y se dirijió a la cama, en donde, se encontraba Lionel, dopado anteriormente por Eloísa, para que no escuchase los gritos y súplicas de su amante.
Por última vez, paso el dorso de su mano por una de sus mejillas.

Espero un rato, una media hora talvez. Hasta que Lionel comenzó a despertar un poco.
Fue rápidamente a buscar un cuchillo en su bolso de cuero que estaba botado a la entrada del dormitorio. Regresó con sigilia, con una sonrisa maquiavélica en su rostro. Se subió a la cama, y se paró delante de quien sería su esposo alguna vez, antes de enterarse de su romance oculto y de los planes que tenía con Laia, que tenía...
Espero un poco más, para que el estuviese un poco más lúcido. Cuando ocurrió este momento, él abrió los ojos asustado.
-Hasta siempre, Lionel- fueron las tres únicas palabras que salieron de la boca de Eloísa, luego de degollarlo.
La sangre salpicaba por doquier, y ella, lo sacó de su cama para introducir el desangrado cuerpo en la tina, donde permanecía el cuerpo de Laia.
Abrió la llave del agua helada y mientras se llenaba la tina, se poso frente al espejo y se miró. Miró la cara de su delito, y vio que estaba cubierta de sangre. Eso, no la asustó, al contrario, al fin satisfacio por completo su odio, su sed de venganza.
Cuando la tina ya estaba llena, fue en busca de una lámpara, saco la bombilla y conecto el cable a la fuente de electricidad. Introdujo su cuerpo en la tina, y antes de bajar la lámpara al agua, tarareó la canción de cuna que le había preparado a su bebé, que tan sólo tenía tres semanas en su barriga ... "

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Se me ocurrió esta historia un tanto sangrienta y trágica, mientras vagaba por google. Encontré esa imagen que esta entre la historia, y mi imaginación voló. No significa que pueda llegar a hacer eso algun dia, asi que, no se asusten, es solo una historia mas que aparece devez en cuando en mi mente ...


El vestido de mis sueños


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... Desperte en la mañana con unos rayos de sol que se asomaban timidamente por la cortina blanca. Perezosamente abri los ojos, y gire mi cabeza hacia la mesita de noche que se encontraba a mi derecha y mire el reloj de madera que me regalo mi hermana al terminar mis estudios universitarios. Ya se me hacia tarde para ir al local de Madame Linsy. Me levante de la cama y camine hacia el baño que tengo en mi dormitorio. En el espejo ubicado arriba del lavamanos, habia una nota pegada de mi madre, en la cual tipio que ya se habia ido al local hace alrededor de una hora. Asi que me duche con prisa, y me vesti con la ropa mas comoda que encontre a mano: el vestido floreado que me regalo el para mi cumpleaños numero 26, me calce unas sandalias que hacian juego, y fui a la cocina, en donde mi desayuno estaba magicamente listo en la mesa que dispuse ahi al mudarme. Al lado del jugo, habia otra nota, esta vez de mi otra hermana pequeña, en la cual, me decia que ella con esfuerzo preparo el desayuno para mi. Sonrei y comence a comer las tostadas con mermelada de mora hecha por mi abuela. Luego me tome el zumo de naranja y por ultimo bebi la infusion de boldo.
A pesar de que vivo en el quinto piso, hoy no quise bajar por el elevador, queria caminar, queria que el momento de mi llegada al local
fuese magico, ademas, este solo quedaba a unas cuatro cuadras de mi departamento. Mientras bajaba por las escaleras, recorde lo mucho que pelie con mi madre con respecto al vestido: yo muy tercamente queria que fuese el que encontre por internet cuando tenia 18 años. No queria otro. Hasta que la convenci y se lo mandamos a Madame Linsy. Ella como yo, quedo fascinada con el diseño del vestido, e incluso, como no se apreciaban muy bien los bordados, dijo que le haria unos especiales, pero que mantendria el molde original. Caminando a solo unas cuadras de Linsy, recorde el dia en que cambio todo en mi vida. Al entrar, vi las caras contentas de mis dos hermanas, mi madre y abuela. Si ellas ya estaban asi, supuse que yo estaria mas que radiante al ver mi vestido. Madame Linsy me hizo pasar a un vestidor para probarme el vestido. Era una tradicion familiar provarselo el dia antes de la boda. Al salir y verme en el espejo entero, en donde se reflejaba mi familia detras mio, casualmente un destello de sol me ilumino por completo. Ese era el vestido de mis sueños, el vestido que me acompañara en el dia en que sere tu mujer ...


"La calidez de tus manos, calma mi corazon..."